Costa Rica y Ecuador se unirán a la plataforma Global Fishing Watch, fomentando la responsabilidad de la actividad pesquera en la región

Escena del puerto de Ecuador en la luz del atardecer Puerto Morro, Ecuador.

Está surgiendo una nueva era de transparencia en la gestión pesquera de América Latina. Desde 2018, Perú, Chile y Panamá y más recientemente, Costa Rica y Ecuador, han comenzado a adaptar el método ortodoxo, y no siempre exitoso, de monitoreo, control y vigilancia (MCV) a un sistema renovado basado en la transparencia y la tecnología.

Estos países han activado con éxito una reacción en cadena que comenzó a disipar las dudas respecto un programa colectivo de MCV. Estos reacomodamientos de dinámica pesquera —el cambio de actitud con respecto a la transparencia en la pesca, junto con los avances en la tecnología— son importantes no solo para cada uno de estos países individualmente, sino también para la propia región. De hecho, estos cambios crean una excelente oportunidad para lograr una visión regional sobre el liderazgo en transparencia. Hoy en día, abordar eficazmente las preocupaciones ambientales requiere una acción cooperativa multinivel y la transparencia es la estructura mediante la cual se mantiene unida la cooperación regional.

Los avances en la tecnología siempre han impulsado nuevos enfoques para la gestión de los océanos y ésto no es solo característico de América Latina. La tecnología ha dado forma a cada nueva etapa evolutiva en las relaciones de los países con el océano. Los avances científicos de los años 70 y 80 promovieron la adopción de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. En la década de 1990, el fortalecimiento tecnológico de la capacidad pesquera dio lugar por primera vez en el ámbito internacional, a un nivel sin precedentes de sobrepesca con la consiguiente degradación de los recursos e importantes pérdidas económicas. Y, en los años 2000, la tecnología pesquera contribuyó a la consolidación del concepto de pesca Ilegal, No Declarada y Do Reglamentada (INDNR). En efecto, este concepto respondió a las nuevas capacidades de MCV en diferentes situaciones prácticas. En otras palabras, la tecnología abrió la puerta a nuevas formas de entender las fluctuaciones de la pesca. Además, en la última década, el seguimiento avanzado de embarcaciones, los sistemas satelitales, la computación en la nube, el análisis de big data y la tecnología de aprendizaje automático nos han permitido avanzar hacia una mayor transparencia en la pesca.

Un banco de Caranx ignobilis. Credito: Pelayo Salinas

América Latina, rica en biodiversidad marina, ha marcado el camino cuando se trata de adoptar la transparencia en la pesca. Como pioneros en la introducción de nuevas ideas en el derecho del mar (como el de la zona económica exclusiva, el área marítima que se extiende hasta las 200 millas náuticas de la costa de un país), la región también ha liderado el camino para traducir nuevos desarrollos y desafíos en mejores regímenes de gestión de los océanos. Ese es el caso en la transparencia de la gestión pesquera actual. Algunos podrían decir que la palabra «transparencia» conlleva una carga emotiva diferente en algunos idiomas o culturas. Hablar de ‘transparencia‘ en la lengua española a menudo implica que la actividad subyacente implica sospechas de conducta inapropiada, particularmente en la gestión de fondos públicos. Por lo tanto, al hablar de transparencia, se percibe una connotación negativa tácita de conducta inapropiada.

Sin embargo, hay una connotación positiva más fuerte, de claridad y soluciones, que la región latinoamericana está adoptando recientemente. La transparencia hace posible sacar a la luz complejas dinámicas de gestión de la pesca, brindando visibilidad a las operaciones que han permanecido ocultas debido a las propias características del océano: profundo, oscuro y en su mayoría fuera de vista. La tecnología nos acerca a las actividades que se desarrollan en el mar. Transforma acciones que históricamente han tenido lugar en la oscuridad, lejos de la gran mayoría de los ojos humanos, en algo que se puede ver y, por lo tanto, manejar adecuadamente.

Barcos de pesca en la costa de Ecuador. Credito: Xavier Romero

En América Latina, más allá del liderazgo gubernamental para proteger la rica biodiversidad de la región, los ciudadanos están cada vez más comprometidos con la gestión de los recursos pesqueros. Hoy en día, la transparencia respalda los esfuerzos de gestión pesquera y es un concepto clave en el proceso de avance hacia la sostenibilidad en América Latina. Perú, Chile y Panamá brindaron acceso a sus datos para todas las personas alrededor del mundo a través de nuestra plataforma, proporcionando así herramientas de visualización para una mejor comprensión de las actividades en el océano. Ahora Costa Rica y Ecuador, con el mismo espíritu de transparencia, han decidido publicar sus datos de los buques en el mapa de Global Fishing Watch, no solo para implementar la nueva tecnología MCV, sino también para proteger años de conocimiento tradicional pesquero –  piedra angular de muchas comunidades locales.

Las lecciones que estamos aprendiendo como consecuencia de la pandemia COVID-19, sumadas a recientes eventos en el sector pesquero que han impactado significativamente en la opinión pública de la región, están transformando la tecnología en una herramienta que puede ubicarnos en los albores de una era de transparencia en la gestión pesquera. Afortunadamente, el conocimiento y control gradual de las actividades de los buques extranjeros se ha convertido en un asunto público y de interés en América Latina.

Alejandro Canio es Oficial de Programa de Global Fishing Watch y contribuye a promover la transparencia pesquera en América Latina. 

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